Recorridos
[..𝘷𝘰𝘺 𝘦𝘯 𝘵𝘳𝘦𝘯]
Qué me inspira siempre ha sido una pregunta recurrente.
Creo que los lindes de la vida, de las experiencias vitales, allí donde se tensan las emociones, como si las tendiéramos al sol apenas, como un humilde tributo, acaso como ajuar o indulto, son cómplices necesarios para 𝘥𝘦𝘴ahogar nudos y palabras. Buscar formas o crearlas. La vida está llena de poesía y miedo a partes iguales. Deambulamos entre ambos misterios tratando de aprehenderlos. ¿Puede haber mayor regalo acaso que tamaño recorrido? Y ese vértigo nos mantiene erguidos aún sin saberlo.
Miro por la ventanilla. Todo es mar a mi izquierda mientras avanzo hacia el desorden de calles, coches, personas, edificios y preguntas que me espera. Territorio conocido; siempre igual, siempre distinto. Siempre esa ciudad tan mía y ajena. Como esta línea de cercanías y el mar que la bordea.
Oigo sin escuchar pocas conversaciones superpuestas. Lugares comunes. Soledades compartidas. Las pantallas se apoderan de la comunicación. Somos ganado transportado al matadero. Miro por la ventana, miro el vagón, escribo... Miro el vagón, escribo, miro por la ventana. En qué punto me he perdido yo...
Miro sus manos. Miro sus ojos.
Imagino de dónde vienen. Imagino a dónde van.
¿Irán al Hospital? ¿Tendrán alguna cita importante? ¿Habrán llorado anoche? ¿Les espera alguien al llegar?
Miro sus pies. Miro sus rictus, su postura. ¿Cómo se llamarán?
Miro la ventana. Miro el mar. El Mar. El Mar. El Mar.
Escribo. Lloro.
¿Por qué lloro?
𝘕𝘢𝘥𝘪𝘦 𝘭𝘰 𝘢𝘥𝘷𝘪𝘦𝘳𝘵𝘦
[Tengo que bajar]



Comparto totalmente tu relato, viajar en tren al lado del mar el viaje se hace corto, poder observar, ver subir y bajar viajeros, conversar o simplemente mirar el mar o las nubes, soñar o imaginar historias, vivir !!!!